…gusanos complejos

Hablando de gusanos, mi nieto quería ver una película el otro día, “una súper película” como les dice él. Para enfatizar la importancia de la misma me agregó: “podemos verla en la tele de papel”. En realidad se refiere al telón donde a veces las proyectamos. Quién podría decir que no, aunque era un sábado por la tarde y realmente hubiese preferido una “súper siesta”. Me mira con su carita sonriente y ahí vamos con la quincuagésima exhibición de Tarzan 2 (cuando es niño pequeño, por supuesto).

blog-lucas-tele-de-papelMira el gusano inteligente pensé (mi nieto, no Tarzan) y quedé encantado, cómo no, con la invención de una nueva palabra. Es fascinante esa época de los niños. Aprenden y usan y crean significados ante nuestros ojos. Además son tanto más inteligentes que los hijos y nietos de otras personas.

Parece ser una característica puramente humana la integración de conceptos o herramientas para aplicarlas en otro contexto o problema. Para usarlas al revés, para usarlas en diferente orden o con diferentes materiales. A veces conservando la forma o usando dicha forma con nuevos objetivos y funciones.

Esta plasticidad esta es completamente humana. Muchos animales tienen grandes habilidades, pero ninguno tiene dicha flexibilidad. Por ejemplo, un chimpancé puede usar una rama para sacar termitas de su nido, pero no usará la misma rama sacar miel de un frasco.

Pero el gran Lucas, junta dos ideas de ámbitos completamente distintos y los combina para crear un tercer concepto. La televisión, que muestra imágenes, y el papel, que es flexible y blanco. No hay esfuerzo aparente, ni siquiera un reconocimiento de dicho proceso como algo distinto al ejercicio normal de su pensamiento. Hasta ese punto es parte normal de su vida.

Sería gracioso pensar que los niños tuviesen días de innovación o ejercicios de innovación u órganos de innovación.

Sin embargo muchas empresas lo hacen. En vez de entender la inteligencia como un proceso natural de todas sus actividades, crean gerencias de innovación o concursos de innovación.

La vida de las organizaciones viene de sus músculos, de sus órganos internos y de su cerebro. Sin la experiencia de los que ejecutan y fabrican, de los que registran y administran, de los que dirigen, sin su capacidad de reutilizar sus elementos y reorganizarlos, re-entrenarlos para nuevos usos o ambientes, la vida se acaba, los músculos se relajan y los órganos que anquilosan. El cerebro, la administración para los que no gustan de la metáforas, gasta toda su energía en tratar de mover el cuerpo y hasta su propio funcionamiento se vuelve insostenible.

Como sabrán los pocos que leyeron mi anterior post sobre complejidad y conducta, la complejidad en nuestra conducta no viene de componentes individuales, sino de la forma de combinar e integrar los mismos elementos que tenemos todos (a decir verdad no fueron muchos quienes lo leyeron, tal vez porque partí hablando de genes y codificación de proteínas y no de algo relacionado con primates o mi nieto). Ese es el rol de los genes que no codifican proteínas, recombinar, doblar, invertir, unir y cortar los mismos genes que compartimos con otros seres vivos para construir un comportamiento infinitamente más complejo.

En la era digital, esos componentes están imbuidos en nuestros sistemas, en nuestros sitios web, en nuestras bases de dato. Si las organizaciones pueden hacerlo, dependerá de su capacidad de almacenar y distribuir ese conocimiento, de controlar su ejecución y tener componentes suficientemente flexibles para re-combinarlos en nuevas funciones o productos.

Las maquinarias de la era industrial se han cambiado por los modelos abstractos y la información. Si tenemos control de ellos, tanto en lo que significan, como en hacer flexible su estructura y contenido, podremos inventar “televisores de papel”, podremos tomar el 40% de genes que compartimos con los gusanos y casi todas las otras cosas vivas, y crear un comportamiento exquisitamente adaptable y flexible.

Podremos convertirnos en gusanos inteligentes, como mi nieto.