Muy relacionado con la transformación digital y la integración de sistemas se encuentra la arquitectura de aplicaciones.

Me encanta ésta definición “La arquitectura es el arte y la técnica de proyectar, diseñar, construir y modificar el hábitat humano” (https://es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura). Por supuesto que por milenios se ha referido a casas, edificios y puentes. Pero ahora vivimos en un mundo virtual.

¿qué más apropiado en un mundo digital que aplicar el concepto a los mismos sistemas que constituyen y definen nuestro hábitat virtual?

Las más de las veces, si hablamos de arquitectura nos hemos referido a la plataforma sobre la cual basar el desarrollo o seleccionar un nuevo sistema. Sin embargo estamos en medio de un cambio radical en la forma de construir aplicaciones y ahora la plataforma es parte de un verdadero puzzle de alternativas. Son todos los materiales/elementos que participan en el sistema, desde la plataforma hasta las personas que lo operan.

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Frank Lloyd Wright; Falling Water House

Una de las primeras cosas que tenemos que entender es el entorno, como la hermosa casa de la ilustración,  conocer el ecosistema donde operamos y ésto implica los elementos ya existentes de la configuración. No sólo redes y sistemas básicos, sino también los otros sistemas con que deberá interactuar, modelos de dato y hasta estructuras de administración. La correcta integración permite una elegancia natural y reduce el esfuerzo.

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Mies Van Der Rohe, Barcelona Pavillion

El otro componente es la función del sistema. Estos requieren una configuración adecuada para ejecutar la función que acometen. Algunos ERP requieren modificaciones profundas en los procesos que operan para poder funcionar adecuadamente y otros requieren tantas modificaciones/ configuraciones/ personalizaciones adaptivas que crean una suerte de meta-desarrollo sobre sus plataformas, verdaderos lenguajes de parámetros. Seleccionar y/o diseñar las funciones necesarias y suficientes para resolver el problema, es la piedra angular de la arquitectura funcional. Cuando funciona resulta un edificio elegante, simple, útil y económico.

En la práctica de implantar y diseñar soluciones a través de los años, me he percatado que ciertas preguntas son importantes de contestar con franqueza:

  1. ¿qué problema quiero realmente solucionar?
  2. ¿cuán central es la funcionalidad/sistema/plataforma para la estrategia de mi negocio?
  3. ¿haremos una diferencia con respecto a nuestro producto o competencia?
  4. ¿cuánto estoy dispuesto a cambiar del entorno de mi organización para conseguir esta función? ¿entrenamiento? ¿procesos? ¿estructura?
  5. ¿qué pasa si no hago nada?

Si el tema no es central al negocio o su estrategia, propongo usar un enfoque minimalista, ya sea  adaptándose a una solución pre-configurada, contratando un servicio en la nube o de frente, no hacerlo. La menor cantidad de intervención posible.

Reservar nuestros recursos, tanto materiales, como intelectuales y emocionales, para las pocas cosas que hacen la diferencia. Ahí, dar rienda suelta a la imaginación y crear la solución que encantará a nuestros usuarios y creará una experiencia  única.

¿Puedo ayudar?

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